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Muestra, Las abejas de Mexicali

Libélulas, cigarras, mariposas y otros insectos voladores del norte de la frontera llegaron al valle de Mexicali a principios de 1942 para reclutar abejas en ese lugar. Fueron enviados a esa tierra por los bichos-granjeros del norte, rancheros que estaban dispuestos a hacer ofertas de extraordinarios sueldos y grandes beneficios laborales a esas abejas si fuera necesario. Los insectos voladores visitantes les explicaron a las abejas de Mexicali que sus destrezas eran necesarias para ayudar a polinizar los campos de cultivo del valle Imperial. Añadieron que sus propias abejas habían sido reclutadas para ir a luchar en la todavía encarnizada Gran Guerra de los Bichos, la segunda versión de «La guerra de los bichos que acabaría con todas las guerras de los bichos».

Las abejas del valle de Mexicali, sin embargo, rechazaron la oferta de trabajo hecha por los insectos voladores visitantes.

            —Somos felices aquí, trabajando en este valle y ayudando a polinizar las plantas que crecen en esta tierra —dijo una de las abejas reinas mientras se reunían con esos bichos del otro lado de la frontera.

            Los insectos voladores del norte esperaban una respuesta diferente, pero en lugar de darse por vencidos, siguieron presionando a las abejas de Mexicali para que fueran a polinizar sus campos.

            —Les va a ir mejor en el valle Imperial, eso ya lo saben; todo es mejor allí —dijo una cigarra—. Además, serán muy bien recompensadas por venir a ayudarnos en estos tiempos tan difíciles.

            —No, está bien, estamos bien aquí. Mejor nos quedamos queditas —respondió otra abeja reina—. Nos encanta nuestra tierra y trabajar sólo aquí.

            Después de hacer un par de intentos adicionales, que al igual fueron en vano, los insectos voladores del norte clausuraron la reunión, pero dejaron el asunto para otro día.

Una semana más tarde, regresaron y de nuevo se reunieron con las líderes de diferentes colonias de abejas. Dicha reunión, sin embargo, tuvo resultados similares. Las abejas de Mexicali estaban determinadas a quedarse en su tierra a pesar de que los insectos visitantes habían venido con una mejor oferta.

            Hubo varias visitas posteriores de esos representantes de los bichos-granjeros, pero ninguna produjo un resultado positivo. Las abejas de Mexicali rechazaron una y otra vez las repetidas ofertas y en varias ocasiones les dijeron a los enviados que no tenía sentido irse a ese valle en el otro lado ya que tenían mucho trabajo que atender en casa.

Los rancheros del norte, sin embargo, estaban decididos a conseguir ayuda, así que siguieron enviando a sus representantes a esa tierra para tratar de convencer a las abejas de Mexicali de que aceptaran la oferta de trabajo. «Precisaba que esas abejas fueran a polinizar sus campos», afirmaron los rancheros, especialmente ahora que los primeros signos de la primavera habían empezado a aparecer por todos lados.

—Hagan lo que sea necesario para que esas abejas vengan a ayudarnos —dijo uno de los bichos-granjeros del norte al grupo de insectos voladores.

            —¿Qué tenemos que hacer para que nos ayuden? —preguntó uno de los enviados a las abejas de Mexicali cuando volvieron a reunirse.

            —Nada, gracias, estamos bien aquí en Mexicali, y no hay nada que puedan hacer para que cambiemos de opinión —contestó una abeja reina—. Amamos nuestra tierra.

—Nos urgen sus servicios de polinización. Por favor, ayúdennos —interpuso una libélula del valle Imperial—. Les pagaremos bien.

A pesar de tanta insistencia, las abejas de Mexicali volvieron a declinar la oferta. Estaban decididas a quedarse en casa y no irse al norte.

Días después, sin embargo, cambiaron de opinión tras de reflexionar sobre la precaria situación que afectaba a sus vecinos del norte y por lo cual decidieron ir a ayudarlos después de todo. Tomaron esta decisión en una reunión improvisada. La mayoría de ellas ahora sentía que se debía ayudar a esos rancheros en un momento tan difícil.

—Hoy por ti, mañana por mí —dijo una de las abejas durante esa reunión.

            —Necesitamos ayudar con el trabajo de polinización en el valle Imperial, sin embargo, no debemos descuidar nuestra propia tierra —intercaló una abeja reina antes de que concluyera esa reunión especial—. Hay mucho trabajo para nosotras aquí que también debe hacerse.

            Otras abejas en la reunión estuvieron de acuerdo.

El valle de Mexicali, entre paréntesis, al igual que el valle en el lado norte, fue en su día una zona desértica, pero ahora se encontraba engalanado con una próspera y prolífica vegetación. Había campos de algodón por todos lados, también granados, higueras y árboles de sombra, así como otras clases de flora. Incluso los cactus de esa zona tenían tareas para las abejas. Había muchas biznagas y otras plantas suculentas que necesitaban polinización.

            —Hemos cambiado de opinión y decidido que algunas de nosotras iremos a ayudarles con sus necesidades agrícolas —les dijo una abeja reina de Mexicali a los representantes del norte poco después de que se tomara la decisión de ir en su ayuda—. Empero, no todas nosotras podremos participar en ese esfuerzo ya que algunas colonias deben quedarse a trabajar en este lado de la frontera.

            —Oh, gracias, gracias, gracias —exclamó uno de los insectos voladores del norte—. Va a agradar enormemente esa decisión a nuestros rancheros.

            —No hay de qué —dijo la abeja reina.

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